¿SOCIEDAD O SUCIEDAD?

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No sé si es buena idea que escriba en este estado hormonal. Sorry. Estoy particularmente indignada con todo lo que pasa hoy y el contexto en el que vivimos. Me pregunto qué término sería más correcto para definirlo: ¿Sociedad o suciedad?

La realidad es que llevaba 3 años viviendo sola y ahora que vuelvo a ”mi país” para buscar un trabajo y poder independizarme porque, según fuentes cercanas la cosa estaba mejor, no puedo. No me dejan. De repente veo muy lejos alcanzar la vida que tenía pensada, que no es otra que la de vivir en un pisito, decorarlo a mi gusto, hacer ejercicio, comer bien y tener más cerca a los míos. Mi madre me baja a la Tierra y dice que llevo menos de un año en España, que todo llegará. Gracias, mami. Soy una neuras y lo quiero todo AQUÍ Y AHORA.
No sé vosotros, pero yo disfruto de mi soledad. A mí me encantaba llegar del trabajo, poner la música alta y bailar ”twerking” como una posesa por toda la casa, mirándome en los espejos, ventanas o cualquier superficie brillante que me permitiera mejorar mi técnica.
También amaba llegar a una hora decente y poder disfrutar de la puesta de sol en la laguna, viendo a los cocodrilos nadando felices y sin saber el sentimiento de terror que provocan en los turistas (pobrecitos, los cocodrilos). Hoy, el día que llego a casa antes de las 21:00 lo celebro.

Y del tema contrato-autónomos… Qué decir. Más te vale ser autónomo, porque como tengas un contrato laboral te van a contratar en prácticas (a pesar de haber terminado la carrera hace 4 años). Luego, te van a contratar bajo un convenio que no es el tuyo, para pagarte como si todavía siguieras en prácticas. Y por último, si tienes mucha mucha suerte te darán una palmadita en la espalda y te dirán ”adiós muy buenas”. Aunque si estás enfilado ese día, a lo mejor hasta te renuevan y te ponen en nómina con 1.000 euros brutos mensuales ¡Ríete del Euromillón!

¿Pero quiénes se han creído que somos? Ahora resulta que uno tiene que pagar por trabajar. Hay que levantar el país porque cuatro garrapatas se lo han gastado todo. Señor político, qué bonitas prótesis le regaló a su esposa con nuestro dinero.

Caso clínico: Llego de Cancún después de varios años viviendo allí. Tengo que darme de alta en autónomos (¡Autónomos! Eso serán ellos, porque yo no. I wish!) y pagar casi 300 euros gane lo que gane. Si gano 1.000, pago 300; si gano 4.000, pago 300; si gano 500, pago 300. Una lógica aplastante, vamos. Ah, y la gasolina. Pero no es posible desgravártela porque ”ellos” no pueden comprobar que realmente vayas de casa al trabajo y del trabajo a casa – Discúlpenme, debo desviarme de vez en cuando para ir al psiquiatra, ya que van a volverme loca cualquier día-.

Espero ansiosa a que alguien me pregunte: ”Si tan bien estabas en México ¿Por qué no te vas allí otra vez?” Pues sí, estaba muy agustito. Pero también tengo una familia en España. En un primer momento me fui a vivir a “Las Américas” porque siempre he tenido un alma salvaje y viajera. A día de hoy me planteo el irme a otra parte por obligación, y todo son dudas.

¿Sociedad o suciedad? En mi opinión, el panorama pinta bastante marrón. A pesar de ello, hay que tratar de no rendirse y continuar buscando el camino que nos lleve a ser lo más felices posible. Un buen consejo es no permitirse más de dos días al mes con el mood amarguras ON ¡A mí me funciona!

Qué vida tan P

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Hoy me siento un poco bipolar. De ahí el título de este post. La vida puede ser tan ”P” como tú quieras que sea. En mi caso esta mañana me he despertado de buen humor. Ha sonado el despertador y no me he permitido añadir los 5 minutos de cortesía. A veces me siento un poco tonta. Pongo la alarma 5 minutos antes de la hora en cuestión para después sentirme muy rebelde y añadir otros 5 minutos más. Pequeños detalles que a uno le dan la vida y la sensación de poder dominar el mundo… Mi madre dice que a eso se le llama ser un poco idiota. Pero soy una idiota feliz. He ido a las prácticas de marketing digital con ilusión, cantando y bailando en el coche como cada mañana. Y todo iba genial.

Terminadas las 6 horas de trabajo de ordenador investigando sobre ”keywords” y redes sociales, ya casi veía borroso. Era la hora de salir y con más motivo que en la mañana, he salido volando hacia casa pensando en que mi padre me hubiera hecho algo para comer, cantando y bailando (again). El caso es que estaba especialmente contenta. Generalmente no soy una amargada, pero sentía que traía una “vibra bien chingona”. En ocasiones me sale lo mexicano, y no podría expresarlo mejor de otra forma.

Tumbada en el sofá, estaba revisando Facebook. De repente ha aparecido una publicación que ha cambiado por completo mi estado de ánimo. He sentido una patada directa en el estómago. Alguien había compartido una foto de uno de mis mejores amigos del colegio,  que había faltado hace bastante tiempo de forma fugaz y sin vaselina. Teníamos 18 años cuando sucedió. Me llamó otro de mis mejores amigos para contarme la nefasta noticia y se me vino el mundo encima. La vida no podía ser tan perra. Lo quería mucho. Nos contábamos todo con detalle y hacía dos meses que no nos veíamos. A día de hoy todavía no comprendo muchas cosas y entro en conflicto con ciertos temas existenciales. Ayer sí, hoy no. Todos somos pasajeros.

Hoy al ver su cara en una foto recordé esa sensación.  Es increíble cómo nos puede cambiar la vida en un momento. Estamos acostumbrados a quejarnos por todo, a comparar nuestra vida con la de los demás como si saliéramos perdiendo. A querer más dinero, más ropa, más de todo, incluyéndome a mí la primera. La verdad, personalmente no suelo quejarme por ese tipo de cosas. Mis preocupaciones suelen ser otras,  y reconozco que en ocasiones me ”auto-fustigo” demasiado. No disfrutamos de la vida por culpa de andar machacando nuestro cerebro con pensamientos negativos y una actitud pesimista, o casi igual de mal, inconformista.

Con esto no quiero decir que tengamos que decir ”SÍ” a todo como borregos. La sociedad y el sistema  literalmente nos somete a hacer cosas inadmisibles (tema que tocaré próximamente), pero es cierto que la mayoría de nosotros se queja en exceso y no sabe la gran oportunidad que supone tener ”una vida normal”. Al fin y al cabo estamos vivos, y ese es un gran motivo de celebración, sin caer en la demagogia.

He concluido en este día de bipolaridad, que la vida puede ser tan ”P” como uno quiera. Puede ser muy PERRA o puede ser muy PADRE. Todo depende de las gafas que decidamos ponernos cada mañana. Personalmente, cada vez me siento más egoísta cuando me quejo por algo superfluo. Todos queremos renovar armario, el sueldazo de la ONCE, un mejor físico, descansar más… Pero creo en el karma, y en ocasiones deberíamos destinar un poco más de ese tiempo a agradecer por lo que tenemos, o simplemente a disfrutar más de la vida. Al fin y al cabo uno nunca sabe cuánto tiempo va a ser el protagonista de su historia.

Mi madre es un gran ejemplo para mí en esto. La admiro por otras muchas cosas, pero si hay alguien que sabe ver el lado positivo de todo y desechar lo negativo, es ella. Poco a poco trato de seguir su ejemplo.

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¡Buen finde!

XOXO

Carol